Mundo ficciónIniciar sesiónLa luz del amanecer se filtraba a través de las ventanas polvorientas de la veterinaria abandonada cuando Diana empujó la puerta principal con el hombro, sosteniendo a un bebé envuelto en una manta color crema. Sus ojos buscaron inmediatamente a Victoria, quien yacía en el sofá improvisado, pálida como papel pergamino pero despierta.
—Llegamos tan rápido como pudimos —murmuró Diana, acercándose con pasos cautelosos—. El bebé durmió todo el viaje.
Detrás de ella, Isabela entró con movimientos vacilantes, su rostro mostrando la fatiga del parto reciente y las ojeras profundas de una madre primeriza. Su hijo de dos meses se aferraba a su pecho con puños diminutos, completamente ajeno al caos que rodeaba su existencia.
Victoria intentó incorporarse, pero el dolor la atravesó como una cuchilla. Sus gemelos descansaban en una cuna improvisa







