Mundo ficciónIniciar sesiónEl sonido de botas militares contra el concreto agrietado resonó como tambores de guerra en el silencio tenso de la veterinaria. Victoria se incorporó bruscamente del sofá donde había estado descansando, ignorando el dolor punzante que atravesó su abdomen. Sus ojos se dirigieron instintivamente hacia la incubadora improvisada donde Mateo y Luna luchaban por cada respiración, sus pequeños pechos subiendo y bajando con esfuerzo visible.
—No lo dejen entrar —murmuró Victoria, pero su voz salió más como una súplica que como una orden.
Alejandro ya se había posicionado frente a la puerta principal, su cuerpo formando una barrera humana entre el exterior y el interior de su refugio improvisado. La herida del hombro le dolía con cada movimiento, pero mantenía la postura firme, preparado para resistir cualquier intento de entrada forzada.
La voz de Gabriel atrav







