Mundo ficciónIniciar sesiónLa tarde se había convertido en una neblina de agotamiento cuando Victoria empujó las puertas de vidrio del Hospital San José, sintiendo que cada paso desde el edificio en Constitución hasta este momento había sido una prueba de resistencia que apenas había logrado superar. Sus piernas temblaban ligeramente, no solo por el cansancio físico, sino por la tensión acumulada de saber que cada movimiento, cada respiración, estaba siendo monitoreada por ojos que no podía ver pero cuya presencia sentía como peso constante sobre sus hombros.
Lorenzo la siguió a distancia prudente, manteniendo la farsa de discreción que ambos sabían era exactamente eso: una farsa. El hombre se había convertido en su sombra oficial, y Victoria había dejado de fingir que no sabía exactamente dónde estaba en cada momento. Era más fácil aceptar la vigilancia que luchar







