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El ronquido áspero de Lorenzo se filtraba desde la sala como un motor diesel mal calibrado, creando una banda sonora irregular que Victoria había aprendido a interpretar como su única ventana de libertad condicional. Eran las diez de la noche y su carcelero personal había sucumbido finalmente al cansancio, desplomado en el sofá con la mandíbula colgando y una botella de cerveza vacía equilibrándose peligrosamente en su regazo.

Vic

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