Mundo ficciónIniciar sesiónEl ronquido áspero de Lorenzo se filtraba desde la sala como un motor diesel mal calibrado, creando una banda sonora irregular que Victoria había aprendido a interpretar como su única ventana de libertad condicional. Eran las diez de la noche y su carcelero personal había sucumbido finalmente al cansancio, desplomado en el sofá con la mandíbula colgando y una botella de cerveza vacía equilibrándose peligrosamente en su regazo.
Victoria se deslizó desde su cama hasta el escritorio con movimientos calculados, cada paso medido para evitar que las tablas del piso delataran su actividad nocturna. La laptop se encendió con un zumbido casi imperceptible, y sus dedos se movieron hacia el puerto USB donde guardaba el dispositivo que Rodrigo le había entregado días atrás. El VPN se activó inmediatamente, creando un túnel digital que, esperaba, la mantuviera invisible ante cualquier







