Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa recepcionista Carmen levantó la vista cuando Victoria atravesó las puertas de vidrio del piso doce, y su sonrisa profesional se activó como interruptor automático, aunque sus ojos permanecieron fríos como cristal de invierno. Era el tipo de expresión que Victoria había aprendido a leer durante sus años en la alta sociedad regiomontana: cortesía calculada que no llegaba más allá de los músculos faciales necesarios para mantener las apariencias.
—Buenos días, señora Montés. Don Héctor la está esperando.
El pasillo hacia la oficina principal se extendía como galería de museo dedicado al crimen legitimizado. Las fotografías enmarcadas mostraban "proyectos exitosos" que ahora Victoria reconocía por lo que realmente eran: fachadas arquitectónicas construidas sobre cimientos de dinero sucio. El edificio de departame







