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El gas lacrimógeno llenaba la habitación del hospital con una densidad que convertía el aire en veneno visible, quemando los pulmones de Victoria con cada inhalación desesperada que tomaba mientras las sombras de los hombres armados se materializaban en el pasillo como demonios emergiendo de humo infernal.

El primer disparo resonó antes de que Victoria pudiera procesar completamente lo que estaba sucediendo. La bala impactó la pared exactamente donde su cabeza había estado medio segundo antes, dejando un agujero que expulsaba polvo de yeso como sangre blanca de una herida mortal. Alejandro la agarró con una fuerza que ignoraba sus propias costillas rotas, empujándola hacia la ventana que había explotado momentos antes, hacia el vidrio roto que brillaba en el suelo como dient

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