Mundo ficciónIniciar sesiónLos treinta segundos que Lorenzo le había dado a Victoria para decidir entre el bebé o el dinero se estiraban como goma elástica que sabía que eventualmente se rompería y dejaría cicatriz permanente en su alma, mientras Isabela gritaba en la camilla oxidada con dolor que convertía sus gritos en banda sonora de pesadilla que ninguna de ellas merecía vivir.
El cerebro de Victoria trabajaba a velocidad que hacía que sus pensamientos se atropellaran unos con otros como autos en choque múltiple. El bebé no valía cuarenta y siete millones de dólares. Ningún bebé valía eso. Pero la vida humana tampoco tenía precio de mercado, y Victoria se negaba a reducir la existencia de este niño no nacido a ecuación matemátic







