Mundo ficciónIniciar sesiónLa sala de análisis neurológico en el subterráneo de la clínica privada en Ginebra olía a ozono y metal frío. Victoria observaba los hologramas tridimensionales que flotaban sobre la mesa central como espectros luminosos de una pesadilla que se negaba a terminar. Cada imagen mostraba un cerebro humano, veintitrés en total, dispersos en tres continentes. Líneas de código neural parpadeaban en tonos azules y verdes, formando patrone







