Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl Gulfstream comenzó su descenso sobre las luces doradas de Monterrey con la suavidad de una promesa incumplida. Victoria observaba la ciudad extenderse bajo ellos como un organismo vivo que respiraba neón y concreto, tan familiar y distante como un rostro recordado después de años de ausencia. Su mano derecha descansaba sobre el reposabrazos de cuero, los nudillos blancos por la tensión que ninguna respiración controlada lograba disolver.
Gabriel permanecía sentado frente a ella con







