54. LAS PÍLDORAS NEGRAS

 La nana me miró sorprendida por mi pregunta sin entender, asintiendo. Pero se apresuró a decir que ya había preparado la crema que solía hacer y que siempre le ha gustado a  Ilán. Y señaló la cazuela en el fogón.

—Perdone, pero Ilán quiere que le haga una que le preparé el día de nuestra boda; yo me comeré la suya, ¿de acuerdo? —pregunté con una sonrisa y vi como ella
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