221. UN DESCUBRIMIENTO TERRIBLE
ILÁN:
Olvidando dónde estábamos, abracé a Ivory y la levanté en peso, girando con ella, embargados por la felicidad. Mientras tanto, Amaya gritaba que era mentira, que no podía ser cierto, y Josefina se regocijaba con la dulce venganza de Ivory.
—Bájame, Ilán, que me da mareo —suplicó Ivory, lo que me hizo detenerme de inmediato y depositarla suavemente en el suelo. Mi rostro reflejaba preocupación y ternura a la vez mientras colocaba una mano protectora sobre su vientre.
—Perdona, amor —di