220. CONTINUACIÓN
DANIEL:
Mientras caminábamos juntos hacia el jardín, sentí que, por primera vez en mucho tiempo, no estaba solo, que tenía a alguien de mi lado, alguien que realmente se preocupaba por mí. Y eso, más que cualquier lujo o promesa de futuro, era lo que mi corazón había anhelado durante toda mi vida.
Al llegar al jardín, nos sentamos en un banco donde el sol de la mañana daba de lleno. Me asombré al ver aparecer a mi madre; no era la oscura mujer que recordaba. Estaba vestida de un azul pálido