ILÁN:
El cambio de horario nos sumió a Ivory y a mí en un profundo sueño que se extendió durante casi todo el día. Fue la voz urgente de la nana Marina, llamándonos, lo que finalmente nos arrancó de nuestro letargo. Nos informó que Amaya había despertado y necesitaba que yo acudiera de inmediato para controlarla, pues su estado era preocupante.
Con la premura de la situación, nos aseamos y vestimos a toda prisa. Al salir de nuestra habitación, me percaté con asombro de que el crepúsculo ya teñía el cielo.—Vaya, amor mío, sí que hemos dormido —murmuró Ivory, aferrándose a mi brazo, y yo respondí con un tierno beso en sus labios.—Es natural, cariño. Nuestros cuerpos aún están adaptándose a este horario. En París, apenas estaríamos despertando —le expli