Mundo ficciónIniciar sesiónMarina me acarició el cabello con ternura, como solía hacerlo cuando vine por primera vez. La abracé fuerte y apoyé mi cabeza en su pecho como si fuera mi abuela querida.
—Mi niña, en esta casa las paredes tienen oídos y los espejos, ojos. No podemos bajar la guardia ni un segundo —me advirtió la nana—. Pero recuerda, tú eres más fuerte de lo que crees. Has superado cada obstáculo que Amaya ha p






