115. LA NOCHE EN LA MANSIÓN DE ILÁN

Suspiré y asentí, compartiendo la misma opinión que Ivory sobre Amelie. Me senté en la cama, frotándome los ojos con las manos. A pesar de mi cansancio, sabía que debía escucharla.

Amelie tomó una profunda respiración, tratando de calmar sus nervios. Comenzó a explicar lo que había visto en el pasillo: la sonrisa triunfante de Geraldine, acompañada de las miradas de complicidad de los padres de Eleonora.
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