—Eres un falso, me prometíste los 10.000 —protesto Sally—. Además es lo que necesito no estoy jugando contigo, no voy a limpiar ningunas oficinas y es tu deber como esposo asumír mis gastos —siseo Sally mientras pensaba en que almorzar.
—Solo si así lo decido yo, es mejor que cumplas tu parte del trato si quieres el dinero —siseo Jacob.
—No puedes obligarme ha limpiar al desastre de otros, no lo haré, —afirmo cruzándose de brazos —te prometo que seguiré siendo la del café y los recados, pero n