Cuando entramos los dos en el salón, vi a un hombre de la misma edad de mi marido, muy bien vestido con un traje de color azul que parecia bastante caro
— La señora Conte ¿supongo? — me preguntó
— No quiero que me tatué por favor — respondí
— No se preocupe señora, intentare hacerle el menor daño posible — me dijo
— Noooo, sueltame figlio di puttana — le dije intentando soltarme del agarre de mi marido
— Giovani si no se está quieta, es imposible hacerlo, tú dirás — dijo el hombre
— Pincha