Romain permaneció inmóvil detrás del escritorio durante varios segundos, observando a Madeleine como si realmente no entendiera una sola palabra de lo que acababa de escuchar. La sorpresa inicial dio paso a una expresión de desconcierto cuidadosamente construida, una que habría engañado a cualquiera que no lo conociera desde niño. Dejó lentamente la pluma sobre unos documentos, se puso de pie con absoluta calma y apoyó ambas manos sobre la superficie del escritorio.
—¿De qué demonios estás ha