Capítulo 52.
POV – MILA.
No había rincón de la mansión que no conociera, o al menos eso creía. Durante meses había caminado los pasillos, contado las baldosas, aprendido el sonido de cada puerta y cada cerradura. El encierro forzado me había convertido en una experta en reconocer ruidos: pasos, voces, el arrastre de muebles, hasta el zumbido de los servidores en el santuario.
Por eso, cuando aquella noche escuché un chasquido metálico proveniente del despacho de Nicolás, supe que no era un ruido cualquiera.