La burbuja de su clandestinidad, tan cuidadosamente construida y celosamente guardada, era frágil. Demasiado frágil. Kang Ji-woo lo había sabido desde el principio, cada momento robado, cada mirada compartida, cada roce de manos bajo la mesa, estaba cargado con el peso de la culpa y el inminente desastre. Pero la adicción a esos momentos de intimidad con Lee Jae-hyun era demasiado fuerte para resistirla. Él era el aire que le permitía respirar en un mundo que la asfixiaba. Esa mañana en la Torr