Tomo sus manos y rozo suavemente sus nudillos con mis labios —odetta no me digas que en realidad estás considerando ir allí.
—Sabes que no puedo decir que no.
Él suspira y le sonrío —por favor, quédate —me acerca para abrazarme —no quiero perderte. No sé si podré vivir conmigo mismo si te pasara algo.
Continue lendo este livro gratuitamente
Digitalize o código para baixar o App