Lo abrazo y él me devuelve el abrazo. Después de eso, se pone de pie y se endereza el traje.
—Volvamos adentro.
—No quiero volver al salón con todos.
—Te acompaño a tu habitación, —dice con la mano extendida.
Tomo su mano y regresamos al castillo.
—Gracias a Dios, —dice Javier mientras abraza mi pierna y entierra su rostro en mis muslos, —te he extrañado, —le sonrío y me da una mirada de puchero.
Me río y alboroto su cabello, —bueno, estoy mejor ahora, así que me tienes todo para ti.
—Sí, — se