Me levanto y corro hacia mi teléfono y él me agarra antes de que pueda alcanzarlo. Miro a Javier que está gimiendo de dolor.
—Sucio bastardo, déjame ir, lucho mientras grito.
Puedo sentir su cálido aliento en mi cuello y frota su nariz arriba y abajo de mi cuello, inhalando mi olor.
—Eres un maldito psicópata, —digo entre dientes y logro liberar mi mano derecha.
Me estiro y agarro la lámpara antes de estrellarla contra su cabeza. Se desploma en el suelo, pero no está inconsciente. Corro a mi to