Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa habitación era un remanso de silencio después de la tormenta. Las luces estaban bajas, el aire olía a algodón limpio y a algo cálido, humano. Kira descansaba semisentada, el cabello húmedo aún pegado al cuello, y Damian, envuelto en una mantita blanca, dormía sobre su pecho con la boca entreabierta. Julian, en la silla de al lado, lo miraba con la incredulidad de quien presencia un milagro y teme parpa







