Las horas pasaron, y el miedo comenzó a apoderarse de mí. Camine de un lado a otro en la habitación que ahora compartía con Eirik y los niños, incapaz de calmar la creciente agitación en mi pecho. Algo malo había sucedido, lo sentía en lo más profundo de mí.
No pude soportarlo más y salí de la habitación en busca de Eirik, pero no estaba en ningún lugar de la casa. Mi corazón latía con más fuerza mientras salía al exterior, donde lo encontré de pie junto a varios hombres. Me acerqué rápidamente