Los días transcurrían en una calma que casi parecía irreal. Eirik estaba tan tranquilo, y en general, todo a nuestro alrededor emanaba una paz inusitada. De hecho, era una tranquilidad que casi rozaba lo inquietante. Respiré profundamente, intentando disipar la creciente inquietud en mi interior. Odiaba permitir que los pensamientos oscuros me consumieran, pero después de haber vivido tanto tiempo en tensión constante, esta serenidad me parecía extraña, como si fuera el preludio de algo que aún