Los meses pasaron y todo empezó a tomar su rumbo. La vida en la aldea y los alrededores se volvió tranquila, aunque ninguno bajaba la guardia. Eirik y los demás siempre estaban en constantes reuniones y trazando estrategias por si algo iba mal, aunque ya mucho más tranquilos. Ivar no era tonto; aquí había muchos más hombres, sería un suicidio volver, aunque nunca se debe subestimar.
Yo estaba a semanas de dar a luz. Desde aquella vez, no he vuelto a ver a esa mujer ni a las brujas que se escond