Callie se levantó antes del amanecer, con los músculos aún doloridos por los castigos del día anterior. El frío suelo de piedra le rozaba los pies, y aun así se movía en silencio, casi instintivamente, recogiendo cepillos, paños y pulimento. La tarea de hoy le había sido asignada personalmente por Darian: las habitaciones privadas, habitaciones destinadas solo para él. Un escalofrío le recorrió la espalda, a partes iguales de miedo y anticipación, al darse cuenta de que estaría sola, aunque no