El palacio rara vez estaba en silencio. Incluso de madrugada, el aire vibraba con susurros, pasos, el susurro de la seda y las armaduras. Callie había aprendido a moverse como una sombra: pequeña, silenciosa, invisible.
Pero hoy, la tensión era diferente.
Los sirvientes estaban más rígidos. Los guardias patrullaban con movimientos más bruscos. Y de vez en cuando, Callie oía murmullos que no lograba captar, que se detenían bruscamente en cuanto se acercaba.
Algo le roía el pecho, familiar e in