El archivo no estaba destinado a ser encontrado.
Callie lo comprendió en el momento en que el panel oculto se movió bajo sus dedos, no con resistencia, sino con la suave conformidad de algo abierto con demasiada frecuencia y del que nunca se habla.
El palacio albergaba muchos secretos. Este respiraba.
Un aire frío se derramaba desde la estrecha cavidad tras el muro, con olor a polvo, tinta vieja y algo ligeramente metálico. Sintió una opresión en el pecho incluso antes de entrar.
Esta vez no había seguido ninguna instrucción escrita.
Solo instinto.
Solo fragmentos: las miradas que Darian le dedicaba cuando pronunciaban ciertos nombres, la forma en que su voz cambiaba casi imperceptiblemente cuando mencionaban a Elysia, la cuidadosa ausencia de información donde deberían estar las respuestas.
El conocimiento se había convertido en un ansia.
Sostuvo la linterna en alto y entró en la estrecha cámara.
Estantes alineaban las paredes de piedra, tallados directamente en la estructura. Pergam