El ala este dormía de forma distinta al resto del palacio.
Donde otros pasillos murmuraban con pasos y rutina, este lugar contenía la respiración. Las antorchas ardían más bajas allí, su luz se extendía tenue sobre los muros de piedra grabados con símbolos antiguos: marcas de una época en la que el palacio había sido menos pulido y mucho más cruel.
Callie permaneció en el umbral mucho después de su llegada.
Le habían dicho que viniera sola.
Sin escolta. Sin anuncio.
Solo convocada.
La orden se repetía en su mente con implacable claridad.
Irás al ala este.
Completarás lo que queda sin terminar.
No preguntarás por qué.
Apretó las palmas de las manos para calmar el temblor. El aire allí se sentía más pesado, como si le oprimiera el pecho, poniendo a prueba su determinación antes incluso de dar un paso.
Prohibido.
Ahora comprendía que la palabra no significaba ilegal.
Significaba invisible. Callie avanzó por fin, con pasos lentos y pausados. El eco de sus botas contra la piedra resonaba d