La llamada llegó sin llamar.
Una sola tira de cinta negra yacía doblada sobre la cama de Callie cuando regresó a su habitación. Sin sello. Sin firma. Sin explicación.
Su respiración se entrecortó.
Sabía lo que significaba.
La cinta no era decorativa, era simbólica. Permiso. Preparación. Un reconocimiento silencioso de que esta noche no se trataba de corrección ni castigo, sino de entrenamiento.
Callie permaneció inmóvil, el peso del momento se apoderó de ella como una respiración contenida. El