La llamada llegó sin ceremonia.
Sin guardia. Sin explicación. Solo una nota doblada junto a su plato mientras terminaba sus tareas vespertinas. El papel era grueso y texturizado: de la realeza. No necesitó abrirlo para saber qué decía.
Su pulso respondió antes que su mente.
Callie dobló la nota con cuidado, guardándola en su manga como si pudiera quemarle la piel si la sostenía demasiado tiempo. A su alrededor, el palacio continuaba con su ritmo silencioso: pasos, conversaciones murmuradas, el