Callie despertó con Darian ya presente en su mente.
No su voz. No sus manos.
Su ausencia.
La oprimió contra su pecho mientras se levantaba de la estrecha cama, mientras se vestía, mientras se trenzaba el cabello con deliberado cuidado. El recuerdo de arrodillarse la noche anterior persistía en sus músculos: un eco de quietud, de contención. Sus muñecas recordaban el peso del cuero. Su columna recordaba la postura.
Su cuerpo había aprendido algo que su mente aún temía nombrar.
Se movía por los p