El dolor no llegó de golpe.
Llegó en oleadas que se disfrazaron de rutina.
Callie despertó antes de que sonara la campana, con el cuerpo ya tenso y el corazón acelerado como si lo hubieran llamado incluso mientras dormía. Durante varios segundos, permaneció inmóvil, mirando al techo, esperando a que la verdad se suavizara.
No lo hizo.
Elysia estaba muerta.
Las palabras no resonaron dramáticamente. Se asentaron en su pecho como una piedra, pesadas e inmóviles. Cada respiración las presionaba, un