La llamada llegó sin ceremonia.
Sin mensajero. Sin orden escrita.
Solo una pausa en el ritmo del palacio, un cambio sutil que Callie había aprendido a reconocer: la forma en que los sirvientes encontraban de repente razones para desaparecer, la forma en que el aire mismo parecía tensarse.
"Quédense", murmuró un mayordomo mientras ella cogía una bandeja de lino. "Su Majestad inspeccionará el ala personalmente".
Inspeccionar.
La palabra se le metió en los huesos.
Callie se alisó el delantal con d