Callie aprendió rápidamente que el silencio podía ser más fuerte que una orden.
En los días posteriores a su llamada a los aposentos de Darian, no ocurrió nada.
Ningún castigo.
Ninguna instrucción.
Ninguna orden susurrada en su oído.
Y esa ausencia era insoportable.
Se movía como una sombra entre sus deberes, realizando tareas que había hecho cientos de veces antes: pulir barandillas, ordenar mantelería, llevar bandejas; sin embargo, cada movimiento se sentía ahora cargado, cargado de recuerdos