Callie fue llamada al anochecer.
Sin ceremonias.
Sin explicaciones.
Un solo mensaje entregado en voz baja por un sirviente que no la miraba a los ojos.
El Rey solicita su presencia.
Su corazón no había disminuido desde entonces.
Ahora estaba de pie frente a los aposentos de Darian, con las manos cruzadas ante ella, la espalda recta, todos los músculos tensos por la anticipación. El pasillo estaba vacío, las antorchas proyectaban largas sombras sobre la piedra. El silencio la envolvía, roto solo por el sonido de su propia respiración.
La puerta se abrió.
"Entra."
Su sola voz le provocó un escalofrío.
Entró.
La habitación estaba en penumbra, iluminada por la luz del fuego y una única lámpara cerca del escritorio. Darian estaba de pie cerca de la ventana, de espaldas a ella, con los brazos cruzados a la espalda. No se giró.
"Cierra la puerta", dijo.
Ella lo hizo.
El sonido resonó demasiado fuerte.
"Estabas sola en mis aposentos hoy", continuó con calma. “Sí, Su Majestad.”
“Seguiste las i