La puerta se cerró tras Callie con un sonido que pareció definitivo.
No fue fuerte.
No fue violento.
Solo decisivo.
Se quedó quieta un momento, con los dedos aferrados a la tela, escuchando cómo se instalaba el silencio. Los aposentos privados del Rey no se parecían en nada a los salones del palacio. No se oían pasos resonantes. No había sirvientes murmurando. No había ojos que fingieran no ver.
Allí, el silencio la presionaba.
Tragó saliva y dio el primer paso.
Los aposentos de Darian eran amp