Volvieron esa tarde, como habían prometido.
El faraón estaba despierto cuando entraron, todavía en el sillón junto a la ventana sur, con la luz del atardecer entrando con ese dorado específico que la tarde producía cuando decidía ser generosa con lo que iluminaba. Habló con ellos durante una hora más, sin la urgencia de la madrugada, con la calma de quien ya ha dicho lo importante y que ahora puede permitirse las cosas pequeñas: una pregunta sobre los nombres que estaban considerando, un recuer