El médico real llegó a los aposentos del corregente a la hora cuarta de la madrugada, sin la urgencia dramática que habría producido pánico pero con la urgencia precisa que producía certeza.
—El faraón está lúcido —dijo Kha-em-waset—. Y quiere verlos a los dos. Ahora, mientras la lucidez dure.
No dijo más. No necesitaba decir más. Amenhotep y Neferet se vistieron en silencio, con la rapidez de quienes han aprendido, en los meses anteriores, que ciertos momentos no admiten demora, y caminaron po