Amenhotep habló con su padre dos días después.
No le contó a Neferet los detalles de esa conversación, y ella no los pidió, porque había aprendido, a lo largo de los meses, que había momentos que pertenecían completamente a él y que pedir más de lo que él elegía compartir habría sido pedir algo que no le correspondía a ella tener. Lo que sí notó, cuando él regresó esa tarde a sus aposentos compartidos, fue un cambio sutil en la manera en que llevaba los hombros: menos peso, no porque el dolor h