Mundo ficciónIniciar sesiónSatiah se había ido.
Había dejado la información sobre el precedente, había leído en la expresión de los dos lo que había para leer, y había salido con la discreción de siempre hacia los corredores del palacio que a esa hora pertenecían solo a los guardias y a los sirvientes del turno de la madrugada. La puerta de cedro







