La penumbra de la habitación estaba apenas rota por la luz trémula de unas velas. El silencio era profundo, interrumpido solo por el leve crujido del fuego en la chimenea. Risa, sentada junto a la cama, sostenía todavía la mano de Rhaziel cuando sus párpados comenzaron a temblar.
—Rhaziel… —susurró, inclinándose hacia él.
El rey abrió los ojos lentamente, como si despertara de un sueño demasiado pesado. La claridad de su mirada regresaba poco a poco, y cuando enfocó a Risa, una débil sonrisa se