La pregunta no se disipó con el viento.
Quedó suspendida entre la muralla y la figura del Verdugo, como una espada que no cae porque nadie decide soltarla.
—¿Qué harás cuando nadie necesite tu soberanía?
Risa no respondió al instante.
Porque la pregunta no era trampa táctica.
Era prueba de identidad.
El Rey no intervino.
Por primera vez desde la co-portación, guardó un silencio completo. No estratégico. Respetuoso.
Noctara apoyó la espada en el suelo, pero no apartó la vista de la entidad.
Rhaz