La noche no trajo ataque.
Trajo silencio calculado.
Demasiado limpio.
Risa no dormía profundamente desde que la orden había sido puesta en suspensión. No era ansiedad. Era ajuste constante. El vínculo con el Rey se había vuelto más fino, más preciso… pero también más sensible.
Fue él quien habló primero.
—Algo cambió.
Ella abrió los ojos en la oscuridad.
—¿Arriba?
—No. Afuera del expediente.
Eso era peor.
En el patio central, Noctara ya estaba despierta, espada sin desenvainar pero lista. Rhazi