Ulrich permaneció inmóvil por unos instantes, analizando la situación con cuidado. Su mirada severa recorría a los dos hombres caídos frente a él, con expresiones de desesperación grabadas en sus rostros marcados por el tiempo y el miedo. Finalmente, levantó el rostro para enfrentar a Garrik y, con voz firme, decretó:
—Déjalos vivir.
La sala se sumió en un silencio tenso. Garrik frunció el ceño, perplejo.
—¿Majestad?
Ulrich fijó la mirada en él, como si desafiara cualquier cuestionamiento.
—Sep