Atravesando el salón principal, Ulrich se dirigió a las forjas, donde el calor y el sonido del metal fundido llenaban el aire. Al llegar, encontró a algunos herreros trabajando arduamente, con el sudor brillando en sus frentes. Cuando notaron la presencia de Ulrich, sus manos se detuvieron y ojos abiertos de miedo se fijaron en él.
"¿Se está haciendo alguna estatua en este momento?" preguntó Ulrich, su voz grave e imperiosa.
Uno de los herreros, temblando, respondió vacilante: "Sí, señor. Tenem