Hablemos.
Las damas de compañía rápidamente llegaron al cuarto y comenzaron a cambiar las sábanas, limpiando todos los vestigios de Ulrich. Phoenix respiró hondo, tratando de encontrar algún alivio en el acto de purificar su espacio. El recuerdo del olor de Ulrich, de su presencia, la hacía sentir sofocada. Las sonrisas, los toques cariñosos, las promesas susurradas. Todo parecía una mentira ahora.
¿Cómo pudo hacerle esto? Phoenix se sentía perdida, como si el suelo hubiera desaparecido bajo sus pies.
Es