prometo serte fiel, respetar y honrar nuestros votos.
Turin estaba en su habitación, observando el movimiento en los jardines del castillo por la ventana. El sol brillaba intensamente y una suave brisa hacía que las flores se balancearan ligeramente, creando un escenario encantador para la ceremonia que estaba a punto de suceder. Nunca había imaginado que se casaría sin encontrar a su predestinada, creyendo que la Diosa de la Luna había reservado a alguien especial para él. Sin embargo, después de tantos años y acontecimientos, la Diosa de la Luna